Nos visitó parte del colectivo MACA: museo de arte a cielo abierto

Braian Miño “RAY” (muralista y director artístico), Ana Purulla (muralista y miembro más antigua del grupo) y Carlos Luis Barreto, (Arquitecto urbanista y coordinador del equipo)

Entrevista completa:


MACA, Museo a Cielo Abierto, es un colectivo conformado por muralistas y profesionales de las ciencias sociales que se conformo hace tres años por ex trabajadores de la Secretaria de Hábitat del Gobierno de la Ciudad, y busca a partir de procesos de participación artístico-comunitaria insertarse en territorios de alta vulnerabilidad social. La fundadora de la inciativa es la artista plástico Catalina Cabrera.

Los participantes muralistas normalmente son muchachos y muchachas que vienen  de barrios autoconstruidos o de instituciones educativas del sur de la ciudad, como el Lola Mora.

Nosotros buscamos principalmente generar espacios de encuentro y formación artística que permitan a los vecinos incorporar consciencia sobre la importancia del Espacio Publico como lugar de encuentro y del consenso ciudadano.

Somos, a su vez, una escuela de formación itinerante, que propone la capacitación de la comunidad involucrada en tareas afines al mejoramiento de su entorno. Los pilares de esta formación son el arte, el urbanismo y la comunicación.

Actualmente el equipo está conformado por un total de 18 personas, 12 muralistas y 6 profesionales de diferentes disciplinas.

 

Fundamentos del proyecto

 

Nosotros sostenemos que los derechos de la población en las villas de Buenos Aires son vulnerados en cuanto a la carencia de circuitos culturales claramente establecidos como un derecho social, en pos del desarrollo humano. Esto supone la ausencia de espacios de encuentro, reflexión, exhibición e intercambio cultural sobre aspectos de la vida cotidiana en la ciudad.

Debido a que la mayoría de las villas de BA, carecen de Espacio Público reglamentado urbanísticamente, se torna complejo la aplicación y medición de políticas públicas de inclusión social o de acceso a la cultura en general, tal como podría suceder en el resto de la ciudad con calles y plazas con normativa específica.

En tal sentido, la generalización de imaginarios negativos sobre la villa y el limitando número de manifestaciones artísticas reconocidas, no contribuyen ni a revertir este problema ni a establecer posibles parámetros para la habilitación física e instrumental de los espacios comunes de circulación y esparcimiento en los barrios (calles y plazas) desde formatos democráticos que incentiven la participación de la población.

Esto último, desde el punto de vista sociocultural, desalienta la capacidad creativa local y obstruye la posibilidad de producción de nuevos bienes de valor tangible e intangible con los cuales se pueda materializar imaginarios positivos sobre este paisaje urbano y con los que se identifiquen sus habitantes.