Historias de un Chico Sin Sube: Noche Fría Vol. 1

Lo veo desde el cristal de mi ventana. Es una de esas noches donde los chicos con un solo buzo piensan, subestimando sus dimensiones, en la hipotermia.
Los autos no pasan y las persianas bajas piden (y obtienen) silencio.
Un auto largo, azul, familiar, se estaciona frente a mí. Mantiene sus faros encendidos, iluminando horizontalmente allá donde las altas, casi celestiales, luces blancas de los postes no llegan en toda su magnificencia.
Sólo permanece quieto 30 segundos y después arranca, aprovechando el semáforo en verde.
Donde estuvo hay ahora un perro negro, bajo, viejo, con la correa puesta.
Está quieto y su primera reacción es ir hacia donde se fue el auto que lo llevó hasta ahí desde quién sabe dónde, y que lo transporta hace quién sabe cuánto. Pero a los pocos pasos, el perro parece entender y se detiene, da media vuelta y se dirige hacia el otro lado, donde la noche fría le recuerda su pequeñez mientras lo engulle, dándole la bienvenida a su nuevo hogar.
Todavía escucho sus patitas golpeando el asfalto cuando bajo la persiana y ésta cae, pesada, gravitacional y lógicamente, sobre mi ventana.

 

Franco Roth para Ofrendas Urbanas