Entrevista a Carlos Belloso en Ofrendas Urbanas

Carlos Belloso nació en Munro, Partido de Vicente López, en la provincia de Buenos Aires, el 5 de abril de 1963.

Infancia

No fue fácil. Para que naciera, tuvieron que fracturarle la clavícula. Carlos Belloso tuvo que juntar sus “pedacitos” y rearmarse después de varios quiebres. La pintura, antes que la actuación, lo ayudó a reconstruirse.

“Que llegues a este mundo y que para hacerlo tengan que fracturarte, no es muy agradable, pero fue necesario”, explica con la naturalidad de quien en 53 años procesó esa llegada feroz.

Su participación en Malvinas

En febrero de 1982, a los diecinueve años, recibió una cédula de notificación, por parte del Distrito Militar de San Martín, para ingresar al “Servicio Militar Obligatorio”, debido a que Argentina entraba en un conflicto bélico con Gran Bretaña, por la ocupación inglesa en las Islas Malvinas. Su destino era la Aeronáutica, recibiendo instrucción rigurosa en infantería, y en artillería antiaérea, en la Base de Río Gallegos, en la Provincia de Santa cruz. El 2 de abril, su guarnición fue requerida con la “Orden de Combate” de defensa del aeropuerto, desempeñándose en el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS). Finalizada la guerra, sufrió un año de depresión postraumática.                                                                                El reconocido actor y ex combatiente de Malvinas, Carlos Belloso se refirió al reclamo de ex soldados que buscan ser reconocidos como “ex veteranos de guerra”.

Un grupo de ex soldados que estuvieron en bases militares del sur argentino, durante la guerra de Malvinas comenzaron a construir una vivienda de entre 15 y 20 metros cuadrados en la zona que ocupaban de Plaza de Mayo, para insistir en el pedido de reconocimiento económico por sus tareas realizadas en 1982.

“Estoy de acuerdo con el reclamo que se hace en Plaza de Mayo, pero no en que se haga una casa ahí, donde está el reclamo”, manifestó el actor, y apoyó a los ex soldados para que obtengan un reconocimiento económico y un plan de salud.

Belloso sostiene que él es “veterano combatiente” porque “yo estuve en defensa, porque para ser combatiente no hace falta pelearte”.

Y aclaró en Radio Del Plata: “En mi caso en particular, yo no voy atrás de una pensión, voy atrás de un reconocimiento. Quiero que se me reconozca el hecho de que estuve en una guerra y recibí órdenes superiores. Encima perdimos, es todo pum para abajo”.

El actor, que en ese momento tenía 18 años, se quejó: “Piensan que no estuvimos en esa guerra. Yo no estuve en las islas, pero estuve en otro frente. Las guerras no se libran solo en el epicentro”.

“Si hay un reconocimiento hay un derecho, tiene que ser igual para los que estuvieron en Malvinas y los que no”, concluyó.

Medio siglo y varias “sub-vidas”                                                                                                          

Fue carpintero, obrero de fábrica, y bajista de una banda frustrada de rock & roll. Pocos saben que es pintor, que estudió dibujo y pintura con Hermenegildo Sabat y obtuvo, a fines de los ‘90, un tercer premio nacional de pintura con una obra original: la libreta de enrolamiento de Carlos Gardel.                                                                                                           

Tras terminar el conflicto, y en la escuela secundaria, Belloso probó suerte en otras artes, como dibujo, pintura y formó parte de un grupo de rock, llamado “Los Barbacandados”; pero se decidió definitivamente por la actuación.                                                                            

Belloso estudió en la Escuela Municipal de Arte Dramático de Buenos Aires.                                  

Unos 300 cuadros, entre vendidos y regalados. Hasta jugó a ser Van Gogh y vendió reproducciones propias de Los Girasoles. “No fue un negocio, pero sí un experimento. Me la pasé haciendo experimentos en la vida. Aún hoy. Debe ser que después del hambre de los noventa, en pleno menemismo, me quedó esa pulsión de siempre estar preparando algo”, se ríe. “Podría ser artista callejero incluso en Europa. Yo pasé la gorra en la calle y aún hoy pienso en la gorra como un sistema económico. Si ponés un espectáculo con entrada barata, la gente piensa de antemano que la obra es mala. En cambio, si lo hacés gratis y es algo bueno, la gente es generosa y se desprende del dinero.La verdad:no tendría problemas en volver a pasar la gorra”.                                                                                             

Con el pincel y el acrílico va del “expresionismo casi infantil” al “hiperrealismo exacerbado”. Su especialidad, como con la actuación, son las caras. Dice ser “un niño prolijo y desprolijo al mismo tiempo”. Un día pintó un San Cayetano y le rezó. Creer o reventar, la plegaria urgente al santo de un metro por un metro, surtió efecto.                                                             

Hijo de un carnicero y una partera, fue vendedor de artículos del hogar y empleado de una empresa química en Munro. En ésta última logró un “meteórico ascenso de trabajador de administración a jefe de depósito”. Fue entonces cuando decidió renunciar y saltar al Arte dramático. Su padre, que jamás lo tuteó, por entonces lo increpó preocupado:“¿Le parece a usted irse de una fábrica donde le aseguran detergente y shampoo gratis de por vida?”.

 

Su paso por el underground

Trabajó casi diez años con el grupo “Los Melli” junto a Damián Dreizik, en diversos sitios underground tales como el Parakultural o la fundación Banco Patricios.

El Parakultural o Centro Parakultural fue un centro artístico multidisciplinario ubicado en la Ciudad de Buenos Aires. El centro se convirtió, a mediados de los años 1980 y principios de los años 1990, en paradigma de la Cultura underground porteña, y principal centro de expresión de una movida artística que se había gestado durante el final de la última dictadura y los primeros años de democracia, durante el gobierno del Presidente Raúl Alfonsín. El lugar sirvió, además, para el desarrollo de artistas que accederían, ya en la década de 1990, a los medios masivos de comunicación, y sentarían las bases para una nueva generación de artistas.

El Parakultural se caracterizaba por ofrecer teatro, música en vivo y artes plásticas no convencionales en ese momento, destacándose principalmente la diversidad de espectáculos ofrecidos, desde el teatro underground, o los monologuistas, hasta las bandas de rock independientes.

En sus primeros años se destacaron allí la Gambas al ajillo (grupo humorístico formado por cuatro mujeres: Alejandra Flechner, María José Gabin, Verónica Llinás y Laura Markert), Barea, Urdapilleta, Humberto Tortonese, Susana Cook, Los Melli, Las hermanas Nervio, El Clú del Claun, entre otros. Por su escenario también desfilaron las más importantes bandas de la escena under y alternativa de la segunda mitad de los ochenta, algunas de las cuales lograron masividad y/o renombre: Los Violadores, Sumo, Trixy y Los Maniáticos (luego simplemente Los Maniáticos), Comando Suicida, Don Cornelio y la Zona, Los Redondos, Los Fabulosos Cadillacs, Celeste Carballo, Los Intocables, Flema, Todos Tus Muertos, Los Corrosivos, Los Pillos, Antihéroes, entre otras.

Llegó la democracia y la trasgresión invadió el ambiente cultural de la época. Aparecieron lugares no tradicionales como el bar Einstein, Cemento o el Parakultural, en donde comenzó a gestarse una nueva forma de hacer teatro que tenía que ver más con la improvisación. Fue por aquellos años que Belloso rindió el ingreso al conservatorio y lo “bocharon”. Luego se inscribió en la Escuela Municipal de Arte Dramático. Trabajaba por la mañana –ofició desde carpintero hasta repartidor de mayonesa, vino y cerveza-, y estudiaba por la noche. “Al final de la escuela nos enganchamos con Damián Dreizik para hacer Los Melli en el Parakultural, ese lugar realmente fue un laboratorio para nosotros”, explica. Junto a Dreizik hicieron teatro callejero, títeres en las plazas, marionetas y funciones a sala llena. Luego de ocho años el dúo se separó e inevitablemente llegó la televisión.

“El Parakultural era un espacio en el que nosotros podíamos hacer lo que se nos cantaba. Pensábamos algo con Damián Dreizik, y lo hacíamos esa misma noche. Era impactante porque decías lo que no podías decir en ningún lado”.

“En esa época, mediados y fines de los ’80’s, culturalmente se estaba originando una cosa muy interesante: por un lado había algo muy solemne que era salir del Proceso y hablar sobre ciertos temas que tienen que ver con los DDHH, los derechos civiles que uno defendía, el teatro abierto… Y por otro lado un circuito “under” que necesitaba decir cualquier cosa, meterse una zanahoria en el culo y decir lo que se le cante…”

“Yo siempre lo digo, pero me parece que es lo que decía Luca en la canción: “no sé lo que quiero, pero lo quiero ya”, unas ganas de decir algo, no importa qué, el tema es decirlo. El Parakultural, en mi opinión, sirvió para eso, para romper esquemas y no tener esa solemnidad. El miedo que había era de hablar, estábamos encorsetados, porque había palabras que no se podían decir. Nosotros con Damián (Dreizik) armamos “Los Melli” y, si bien decíamos cualquier cosa, también parodiábamos ese “corset” de solemnidad, porque era un dúo que hablaba cada uno al mismo tiempo, pero en una imagen siniestra, y eso causaba cierta intranquilidad, cierto nerviosismo. Yo siempre digo: ese circuito Under fue un foco infeccioso muy importante que contaminó, gracias a Dios (“no soy nada creyente-aclara- pero se cruzó Dios, dos veces”) fue importante.”

Su relación con las drogas

“Fui adicto a la cocaína”, reconoció el actor en el programa que conduce Pamela David, donde aclaró que “la droga no es buena”. Dijo que es un “sobreviviente de los ’80, donde se consumía mucho y de todo”.

“Yo soy sobreviviente de los ’80, del under, donde se consumía mucho y de todo”, reconoció el actor Carlos Bellos en el programa de América que conduce Pamela David. “Fui adicto a la marihuana, y fui adicto a la cocaína”, confesó ante las cámaras de televisión.

Sin embargo, aclaró que le dice a sus hijos que “la droga no es buena, que ni se atrevan a tocarla. Pero, es algo va a pasar, que va a suceder, ellos se van a conectar con la droga en algún momento. Y entonces, mi conversación con ellos, que en el momento que la agarren no tengan miedo”.

Visión política

Hablar de política lo irrita y no lo disimula. Tiene una mirada utópica sobre su país ideal. Afirma que sería mejor si estuviese gobernado por la sociedad misma: “No soy democrático si la democracia es así, con gente que se muere de hambre y pibes trabajando en las calles. Los políticos no me merecen respeto. Esto es una anarquía encubierta y negociada”.

 

Su Productora

“Somos una productora de contenidos donde elegimos servirnos de la emoción como vehículo principal para transitar, naturalmente, el desarrollo conceptual y fehaciente de nuestras obras.”

Su rol

Socio & Difusión y Creatividad

Carlos, es una parte vital en Pantagruel, promueve los contenidos y proyectos de la productora a través de su difusión y ejecuta la concreción de conceptos creativos y artísticos. Su energía y su presencia nos da pulso y su creatividad fluye para desarrollar ideas y proyectos.