Ecos de Tinta, la Columna de Artes Visuales x Agustina Caruso – Hoy: Afán por afanar, Divina Distancia

¡Sientes una extraña fuerza que te impulsa a robar! ¡quieres apresar aquello que seduce eficaz y criminalmente tu espíritu¡ ¡bienvenido! ¡Has sido poseído por el afán de afanar!

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“Celebrar el robo” dice Jims Jarmuush ¡todos los han hecho! ¿podría existir Egon Schiele sin Klimt y Freud? ¿Bacon sin Miguel Angel y Muybridge? ¿Van Gogh sin la estampa japonesa y Dickens? ¿porqué lo mitigamos?

En palabras de Jean Luc Godard: “No se trata de dónde tomes las cosas, se trata de adónde las lleves”. Nada es original pero sí puede ser auténtico, solo hay que transformarlo en un objeto de deseo. Permanecer en la distancia justa hasta que la puerta se abra, diría Berger. Hacer cata pero no de lejos, persistir lo suficientemente cerca pero tampoco arder ¡divina distancia donde los cuerpos se imantan!

La historia de la pintura es el relato del “yo he visto”. Mondrian sintetiza arboles en abstracciones, “los ha visto”, Serov resume miles de pelos y una blusa roja en una masa de volumen sensible, “lo ha visto”. Pero el referente siempre es efímero; allí está y estuvo la pintura, se ocupa de retener y mantener viva esa materia de anhelos.

A su vez, hay un encuentro entre el modelo y el pintor, una intersección irrepetible e irreproducible ¡Estás al acecho! ¡sos una gacela! algo sucede. En el papel de observador/hacedor puede comerte el modelo o puedes deglutirlo tú a él ¡guarda con disolverte en su presencia! Empero, si hay un balance justo, existirá un “principio de colaboración” donde quien posa, sea de carne o bien de gluten, se deje retratar, y quien no, lo hará notar bajo la traducción de yermas y escuetas pinceladas ¡hay que arriesgarse a la locura! ¡hay que salir de sí!

Balthus sugería rezar antes de pintar para ser idóneos instrumentos fuera del ego y quizá la razón. Escaparle a la ambición y al desespero. Me tiento, y le adoso: ¡pero siempre afanar!, afanar y afanar otra vez. Banquete e interacción de admiraciones. Transfigurar lo incapturable en capturable, lo ajeno en propio, armar la ensalada de devociones ¡pero condimentarla como un duque y no como un mártir!

Rubens, Morandi, Turner, Velazquez, Sargent, Vermeer, Sorolla, Courbet, Ribera, Soutine, Menzel, Collen Barry, Jordan Sokol, Fabian La Rosa, la lista es eterna y silenciosa, ancestral y contemporánea. Buscamos el espacio de la ausencia de la muerte. Un retrato intenta captar dicho espacio, diferente y preciso en cada muerte. Cuando la cosa pintada es producto de un vinculo, la cosa habla si nos paramos a escuchar, algo así esboza el multi-nombrado John Berger. No son “trucos estilísticos”, es presencia ¿pero estamos acaso dispuestos a escuchar? o peor aún ¿estamos dispuestos a dejar hablar? ¡Es lo único que nos queda! Acallar la argumentación, resistirnos al fervor de la cotidianidad, expandir los deseos, desplegar la nobleza, aceptar la frustración, y lo fundamental: apaciguar el apetito ampliando las fronteras de lo posible: afanar. Porque nada más importa. Habitamos una jurisdicción infinita, peculiar e inherente, construida y devorada, frágil como el cristal. Solo llevémosla fuera del caos. Amén.