Ecos de Tinta – Artes Visuales x Agustina Caruso \\ Hoy: Luis Scafati

El soplo del lanzallamas

Luis Scafati: cortejo de tinta

Para Luis dibujar es agasajo de erotismo necesario. Al sujetar una de sus plumas de mimbre, Scafati está preparado para poner a disposición las vehementes llamas íntimas de su percepción. Sangre y tinta, son solo sinónimos del lenguaje personal que supo gestar.

 

Les confieso en voz baja, que al menos una obsesión nueva por semana se apodera de mi; un flamante enamoramiento de contemplación y suspiro fugaz, de poca duración; un pintor, un dibujante, un escritor o algún particular hacedor que despierte mi ardor o “cultive el don” como diría Luis. Sin embargo, el trabajo de Scafati me persuade cual hechizo hace por lo menos ocho años, dejándome alerta como una gacela desde entonces, ¡lista para devorar! No por nada, Alejando Dolina apuesta que tras la sintonía de quien observa y quien produce existe un “aire de familia”. En este dúo de aparentes desconocidos, y salvando las estrepitosas distancias de un gigante cuyano, probablemente exista aquí “un aire de tinta”.

Aunque aparente un dibujante o un pintor de la gráfica, Luis Scafati, es un lanzallamas, puesto que migra su linea página a página de su cuaderno, la misma que dispone al flujo más salvaje y gestual. Su trazo parece pólvora, estalla sobre manchas negras colmadas de riesgo e impronta que balancean al servicio de las más colosales maculas blancas.

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Gustozo del contraste y la intención de comunicar con lo esencial y lo inamenente, Luis manipula su fetiche con el dedo, pluma o bien pincel; como un instrumento de trayectoria obligada donde pone el cuerpo; recorre blancas páginas del centenar de cuadernos que compra, los mismos que captura casi compulsivamente de toda librería que lo tope; para ser algún día abierto y poblado por seres del más aquí y del más allá.

Sus edificios le recuerdan sus cordilleras mendocinas, sin dejar de naufragar en la búsqueda del “tono” de sus libros a ilustrar; aborda toda propuesta como un compositor de primer orden, a vista del halcón y en pos de la unidad conceptual.

Comenzó en la revista “Hortensia” acompañado de firmas de la talla de Fontarrosa, siempre con el latente miedo de que no se lo comprenda, quizá secuela de su infancia introvertida.

Hombre de vasta trayectoria, “El quijote” , “Metamorfosis” y “Drácula” son solo tres de los emblemáticos títulos que interpretó su lengua visual. Incansable peregrino del soplo de vida que él mismo advierte en el maravilloso y legendario Hokusai, Luis vive el reconocimiento como parte de una abstracción, ya que su labor transcurre en el ostracismo de su estudio, en plena y vigorosa soledad, motor de su trabajo y causal de tanta inminente serenidad al hablar. De pibe se llevaba del kiosko de su familia la revista “Patorozú” o “Rico tipo” y casi por accidente aprendía naturalmente el oficio.

Al igual que el “Gesta-Dei” de Nine lo acompaña siempre una libreta o diario dibujado donde apunta las características de los personajes y criaturas, semillas de figurines de imaginación que luego desarollará en el material final de publicación.

“El extranjero” de Camus, “Los caprichos” de Goya, los grabados de Durero, el arte de la literatura, la poesía y una buena copa de vino lo hacen vibrar en distintos sitios de sí que son trasladados a su vasto imaginario. El dibujo para él es una herramienta literaria con la que despliega su parábola de pensamiento y acción.

El galante Fati, hizo de la tinta china un recurso propio y auténtico, dando continuidad y testimonio visceral de su propia sangre y contienda en esta vida de libidos marginales, siempre atravesados por eminente postura ideológica. Mismos rounds que supo enfrentar con la Parker 71 que le traía su papá cuando empezaba a leer a esta disciplina como el arma que hoy domina y plaga de poesía y metáfora heroica.

¡Sean bienvenidos al cortejo! ¡sostengan ferozmente sus escudos! ¡es probable que sus llamas calen hondo fuera de toda compresión y no den oportunidad de prevención! ¡pero sí de redención!