Mariano Fiszman: La cabeza de Goliat de Ezequiel Martínez Estrada – Editorial Interzona

Un gigante bajo la lente del microscopio

 

Libro: La cabeza de Goliat

Autor: Ezequiel Martínez Estrada

Editorial: Interzona

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En el tiempo en que Ezequiel Martínez Estrada concibió La cabeza de Goliat, su englobante microscopía de la ciudad capital, amén de ser su segundo ensayo de importancia, Argentina albergaba pocas dudas con respecto a su destino, en apariencia garantizado. Cereal, ganado, petróleo, industria, una historia reciente, un pueblo joven, las guerras civiles en el recuerdo. Todo a nuevo: el país parecía el cuerno de la abundancia, aun cuando los frutos estuviesen desigualmente repartidos. Si bien existían intelectuales obsesionados con la cuestión del “ser nacional” y aunque muchas de las simientes de nuestros dramas políticos posteriores ya estaban madurando bajo la superficie, nadie dio mucho crédito al inventario de Buenos Aires que Martínez Estrada presentaba con lenguaje tan irritado como irritante, apenas atenuado por momentos de arrebato lírico y otros de facetado diamantino.

Por un tiempo, un tiempo a veces largo, toda ciudad prospera, se concede juegos y fiestas, erige monumentos y mausoleos, deja huella en el mundo. Pero tarde o temprano las ciudades han de enfrentar a sus víctimas, y entonces las penas y castigos que pudieran recaer sobre ellas amontan a rango bíblico. Ninguna ciudad es eterna: algunas son abandonadas, otras son destruidas, la mayoría son olvidadas. Al final de todo resta la ruina última de un antiguo esplendor.

Así que no hay mejor invitación a tomar conocimiento de la ciudad de Buenos Aires que este libro robusto y perturbador, justamente porque fue escrito para desenmascarar fachadas, inquietar cimientos y para pronosticar un final. Es, entonces, un libro de revelaciones y de fustigación. La motivación del autor está expuesta en el mismísimo comienzo, en la primera página, en el primer renglón: “Este libro no fue escrito para complacer a nadie”. Y si el estilo narrativo parece agresivo y malhumorado, por momentos agrio e incluso lapidario, es porque al lidiar con gigantes los excesos de lengua se parecen a lanzamientos de piedras.